Cambiar El Futuro EDITANDO - Capítulo 1 - Wattpad
Cambiar El Futuro EDITANDO
de Nisuarfi
Cambiar El Futuro EDITANDO
Tabla de contenidos
Cambiar El Futuro EDITANDO
Un futuro desastroso y una oportunidad de cambiarlo. *Sus respectivos créditos al creador de la portada*
Gótica, año 2042
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El humo del cigarrillo de John Constantine se mezclaba con la penumbra del callejón, dibujando sombras erráticas sobre las paredes.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó, su voz grave cargada de advertencia.
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—Completamente —respondió el chico con determinación.
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—Ella se molestará cuando se entere de que te fuiste —murmuró John, más preocupado que enojado.
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—Lo sé —replicó el chico, apretando los labios—. Pero si todo sale como nos dijo Damian, prefiero que se quede aquí contigo.
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John asintió lentamente. —Si esa es tu decisión, adelante. —Extendió la mano y abrió un portal que vibraba con una energía oscura y palpable.
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El chico respiró hondo y, con una leve inclinación de cabeza, dijo:
—Gracias, tío John.
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—De nada, chico. Y ya sabes... —la voz de John bajó a un susurro grave—, ten cuidado con delatarte a ti mismo.
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—Eso nunca pasará. —Antes de que John pudiera responder, el chico dio un paso firme y desapareció en el portal.
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John aplastó el cigarrillo en el suelo y encendió otro.
—Muchacho estúpido... creo que lo malcrié demasiado —murmuró.
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Gótica, año 2022
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Era pasada la tres de la madrugada cuando Batman regresó a la baticueva. La pelea con Bane había sido brutal, más de lo que su orgullo admitiría. Un escalofrío recorrió su espalda; algo no estaba bien.
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Frente a él, sentado en una silla, un chico lo observaba fijamente. Sus ojos transmitían una confianza inquietante. Bruce arqueó una ceja, evaluando cada movimiento.
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—Te aseguro que no estoy aquí para causar problemas, así que no te preocupes —dijo el chico, levantándose con calma. Sus pasos resonaban en el piso de la cueva—. Necesito tu ayuda, padre.
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Bruce se quedó congelado por un instante. El chico lo notó y una sonrisa fugaz se dibujó en su rostro.
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—¿De qué año vienes? —preguntó Bruce, retirándose la máscara.
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—Del 2042. Estoy aquí porque algo terrible está a punto de suceder, y debemos evitarlo.
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—¿Cómo te llamas?
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El chico levantó una ceja, con aire desafiante:
—Terrence Wayne. ¿Hay algo más que quieras saber, padre?
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Bruce frunció el ceño; claramente no esperaba esa respuesta. Las palabras salieron antes de poder pensarlas:
—Cuéntame todo.
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—No —replicó Terrence, suave pero firme—. Debemos reunir a la Liga. Todos deben escuchar esto... y debe ser ahora mismo.
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En la Atalaya
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Hal Jordan llegó furioso:
—¡Esto es increíble! Maldito murciélago amargado... tal vez él no tiene cosas que hacer, pero yo sí.
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—Umm, Hal, sabes que llevas el comunicador encendido, ¿verdad? —dijo Barry, nervioso.
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—¡Por supuesto que lo sé! —explotó Hal—. Por eso lo dije, para que ese amargado me escuchara.
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Bruce permaneció impasible mientras los demás se removían incómodos. Al acercarse, todos notaron los golpes en su rostro y la sangre alienígena en su traje. No había opción: debía quedarse.
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—Por Dios, Hal... ¿estás bien? —Barry corrió a su lado, sosteniéndolo mientras tambaleaba.
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—Estoy bien, Barry. No te preocupes —respondió Hal, restándole importancia.
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—Claro que no lo estás, apenas puedes mantenerte en pie —replicó Oliver, levantándose para ayudar.
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—Linterna, si quieres ve a la enfermería; nosotros te contaremos todo después —intervino Superman.
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—Estoy bien. Empecemos, así puedo irme a casa —dijo Hal, impaciente. Todos lo miraron, comprendiendo que no había manera de convencerlo.
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—Bien, ya estamos todos. ¿Qué sucede? —preguntó Superman, con calma.
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Un silencio expectante llenó la sala cuando Batman asintió hacia la puerta. Todos voltearon y vieron entrar a un chico castaño.
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Su ropa recordaba a la de Batman: chaqueta negra con el murciélago en la espalda, armas en el cinturón y dos bastones de escrima en la espalda. No llevaba capa ni máscara.
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Caminó con seguridad hasta detenerse junto a Bruce. Todos lo miraron, sorprendidos: era idéntico a Bruce, salvo por el color de su cabello.
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—¿Hay algo que quieras compartir con nosotros? —preguntó Diana, con cautela y confusión.
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—Batman, ¿quién es ese chico? —inquirió Flash.
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—Terrence Wayne. Vengo del año 2042. Dentro de tres días habrá una invasión, y el futuro será un desastre —explicó Terrence, con gravedad.
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—¿Invasión? Espera... ¿Wayne? —Barry no podía ocultar su asombro.
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—Sí. Bruce Wayne es mi padre.
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—¿No pudimos salvar la Tierra de esta invasión? Por eso estás aquí, ¿cierto? —preguntó Superman.
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Terrence asintió.
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—Cuéntanos más —pidió Superman.
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—Han estado en nuestro planeta por años, observando y preparándose. Cuando finalmente atacaron, nadie pudo identificarlos; se ocultaron entre nosotros, fingiendo ser amigos.
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—Fingieron ser nuestros amigos —murmuró Superman, incrédulo—. ¿Sabes quiénes son?
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—No. Además, uno de los miembros de la Liga está con ellos —respondió Terrence, apretando los puños. Todos comprendieron sin necesidad de palabras.
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—Está bien —dijo Superman, dedicándole una sonrisa comprensiva—. ¿Algo más que debamos saber?
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—Lo siento... eso es todo.
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Mujer Maravilla frunció el ceño; había algo más detrás de esos ojos. Terrence ocultaba algo.
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—Bien, si eso es todo... yo me largo —Hal se levantó, molesto, y salió de la sala.
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Tres días después.
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Tal como Terrence había predicho, los Conquistadores atacaron. Aunque no superaban en número a la Liga, la batalla estaba complicada.
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Mujer Maravilla observaba a Terrence pelear. Era como ver a Batman: letal, calculador, pero más sangriento. Usaba armas y estrategia con precisión quirúrgica.
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De repente, lo vio buscar a alguien con la mirada. Una sonrisa extraña cruzó su rostro y sacó algo brillante de su cinturón. Diana reaccionó instintivamente, lanzando su lazo hacia él.
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Terrence sintió el tirón y cayó al suelo; el objeto se soltó de su mano, llamando la atención de Superman y los Conquistadores. Al reconocerlo, estos últimos comenzaron su retirada.
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Terrence se levantó, ignorando el lazo que aún lo sujetaba, y corrió hacia los Conquistadores. Pero fue jalado de nuevo, cayendo al suelo otra vez, golpeándose la cabeza y perdiendo la conciencia.